Mientras limpiaba la vajilla en la mansión, Black Angelika encontró un juguete en el salón. Los señores no estaban en casa y la traviesa sirvienta decidió probarlo. Al poco, su compañera Donna Bell, sintió curiosidad al oir sus jadeos. Excitada por la escena empezó también a tocarse. Pronto las dos acabaron enredadas acariciando sus chochitos. El mayordomo alertado por los gemidos, acudió al salón. Pretendía llamarles la atención, pero ante aquellas dos gatitas en celo, su entrepierna pensaba lo contrario. Al llegar el señor de su paseo a caballo, el mayordomo le contó sobre el comportamiento de ambas guarrillas. Merecían un buen castigo, unos azotes en sus culitos, una buena lección de monta en la que el mayordomo también echó una mano. Un castigo que resultó delicioso para ambas, Black Angelica y Donna Bell.















